Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien.
Jim Rohm, escritor.
Muchos términos económicos están apareciendo en esta crisis: 'préstamos subprime', 'bancos zombies',... Ahora nos encontramos con uno nuevo, que probablemente se ponga de moda en breve:
flexiseguridad.
En España tenemos un mercado laboral, que según los empresarios es rígido, incompetente y caro. Mientras que para los sindicatos es abusivo, barato y poco seguro.
La medida estrella de la principal organización de empresarios españoles es disminuir el coste del despido, mientras que la de los sindicatos es aumentar los sueldos, por encima de la inflación si hiciera falta, para intentar equipararla a la del resto de países europeos.
En estos momentos, sindical y patronal se encuentran de espaldas, uno contra otro, preparados para caminar los diez pasos, que les van a dar la posibilidad, si se es lo suficiente rápido, de dar media vuelta y pegar el tiro de gracia al contricante,
Llega el Gobierno, y ante la imposibilidad manifiesta de hablar del tabú del abaratamiento del despido, inventa un término nuevo:
la flexiseguridad laboral,
conjunto de medidas adoptadas en Dinamarca, y posteriormente en otros países escandinavos que han conseguido reducir las tasas de desempleo hasta índices insospechados.
¿En qué consiste tal medida? Las empresas, principalmente demandan flexibilidad laboral; y los sindicatos exigen seguridad en los puestos de trabajo. Bien, pues aquí paz y allá gloria, yo os doy flexibilidad y seguridad a la vez (esto me recuerda un antiguo anuncio de colchones).
¿Como?. Las medidas del Gobierno en este sentido van encaminadas a que la empresas que quieran reducir plantilla, en vez de despedir a algunos de sus trabajadores, podrán reducir las horas de trabajo de cada uno de ellos, o de los que consideren necesarios. La empresa pagaría la parte proporcional de las horas que efectivamente realiza cada trabajador, mientras que el Estado asumiría el resto, como una especie de subsidio de desempleo parcial.
La medida parece no ser desacertada, personalmente la prefiero a otras, como la del Plan E; sin embargo, debemos ser conscientes de donde nos metemos.
La ventaja, a priori, de este invento consiste en que se conseguiría reducir la insufrible cola de desempleados en las puertas del INEM.
Por otro lado, el trabajador seguiría cobrando lo mismo, mientras conseguiría mayor calidad de vida, al trabajar menos y poder estár más tiempo con la familia o en procesos de formación.
La empresa, también se beneficiaría de esta medida al conseguir una reducción de plantilla, acorde a sus necesidades, sin apenas coste alguno.
Y por último, el Gobierno, pagaría lo mismo, o menos, ya que conseguiría ahorrar en subsidios de desempleo y en crisis laborales, ya que podría rebajar la tensión social y reducir las posibilidades de huelga tanto por parte de empresarios como de trabajadores.
Pero tenemos que ser conscientes, que el Estado no va a aprobar un subsidio parcial 'indefinido' para cada trabajador que se acoja a este plan. Sino que pasado cierto tiempo, todavía por determinar, el trabajador dejará de cobrarlo, y verá reducido su salario en relación a la jornada de trabajo que tenga en su empresa. Esto no es ni más ni menos que un abaratamiento del despido encubierto.
No se si los sindicatos se darán cuenta de esto y aceptarán pulpo como animal de compañía.
Otro posible descosido en este traje, está relacionado con la idiosincrasia laboral y empresarial española.
Si en este país presumimos de algo, no es precisamente de inteligencia, sino más bien de picardía, o mejor dicho aún, de 'picaresca'. Estas medidas de reducción de horario pueden provocar que algunos empresarios más avispados, por no decir otra cosa, puedan acogerse a esta medida, incluso sin necesitarla, y exigir al empleado que trabaje el mismo número de horas que antes, porque total, va a seguir cobrando lo mismo. O incluso llegar a un acuerdo con él: yo empresa te hago una reducción a cuatro horas de trabajo diarias, tú trabajador realmente trabajas seis, pero sigues cobrando ocho gracias al Estado.
Si sucediera esto, y espero equivocarme esta vez. Las empresas que realicen estas tácticas ilícitas, podrán reducir sus costes laborales en términos reales y vender a precios más baratos que los de la competencia 'legal', que si quiere aguantar el tirón, al final, tendrá que actuar de la misma manera.
Si se cumplen estas condiciones, el abaratamiento del despido se daría de facto.