“La corrupción política socava las esperanzas de prosperidad y estabilidad de los países en vías de desarrollo, y perjudica la economía mundial”, Peter Eigen, presidente de TI (Transparency International), durante la presentación del Informe Global de la Corrupción 2004, organización no gubernamental que lucha contra la corrupción a nivel mundial.
Nuestro Gobierno se ha gastado cantidades ingentes de dinero en prevenir los posibles desastres de una pandemia, como es la gripe A.
Sin embargo, ningún político ha intentado, hasta el momento combatir una de las peores plagas que azota nuestra sociedad, la corrupción política.
En momentos de crisis como éste, se destapan las historias más espeluznantes e increíbles de abuso de poder, que hace tambalear hasta los mismos cimientos de nuestra democracia
Así que entre tantos roldanes y urralburus , Ibercorps y filesas, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que hemos superado ya la etapa de la transición a la democracia, para pasar a un sistema de partitocracia, donde los recursos de los ciudadanos, en vez de canalizarse hacia una mejora del bienestar social, se emplean en un mayor sostenimiento de la clase política, la nueva nobleza del siglo XXI , con una serie de prebendas y de fueros, a los que no podemos acceder la mayoría de los mortales.
En cualquier ciudad europea que se precie, se podrían contar con los dedos de la mano las personas, cuyos ingresos dependen de que un partido concreto gane las elecciones. Mientras en España, tenemos, gracias a nuestro querido sistema de autonomías y corporaciones locales, tantos individuos con intereses creados en uno u otro partido, que ni con un ‘ciempiés’ lograríamos contar el número de cargos públicos realizados a dedo por el partido gobernante.
Y mientras el dinero público, se gasta tan ricamente en ‘planes E’ inútiles, o en incrementar la baja productividad funcionarial, a base de aumentar el número de empleos públicos. Al final, quien paga el pato, es el ciudadano de a pie, a quien se le confecciona un traje de política económica, basado en más subidas de impuestos, más encaminadas a mantener esta nueva clase social, que a solucionar los verdaderos problemas de la sociedad, como el de la Justicia, el de la Educación, o el de la empleabilidad.




